lunes 11 de mayo de 2009

CURSO DE MASAJE EN CHIANG MAI

Amanece diluviando y nos tenemos que ir hacia la aduana antes de que se forme demasiada cola, sin tiempo ni para desayunar. Nos tenemos que calzar las mochilas y las capas de agua como buenamente podemos para que no se empape todo. Llegamos al puesto fronterizo a la orilla del río, y después de completar los trámites de salida de Laos pillamos una barca para cruzar el Mekong. Al otro lado estamos en Chiang Khong, ya en suelo de Tailandia, y en pleno Triángulo de Oro. En esta zona se cruzan las fronteras de Laos, Birmania (Myanmar) y Tailandia y viven multitud de grupos étnicos que viven en este territorio un poco ajenos a las fronteras modernas. Desembarcar es una pequeña odisea pues no resulta nada fácil mantener el equilibrio entre el vaivén de la barca, el barro de la orilla, el peso de la mochila, y lo resbaloso que está todo. Los trámites de entrada a Tailandia también van bastante rápido y enseguida estamos ya en un tuk-tuk que nos acerca hasta la estación de buses. Cogemos un bus para ir hasta Chiang Rai, uno de los pocos destinos conectados con Chiang Khong. Aquí nos despedimos de Mayas, pues él se quedará un par de días aquí siguiendo con su recorrido, y nosotros vamos camino de Chiang Mai para enrolarnos en un curso práctico de masaje tailandés que empieza en un par de días.


A pesar de ser una gran ciudad, moderna y con todo tipo de servicios, Chiang Mai es tranquila y acogedora. Llegamos en fin de semana y aprovechamos el Sábado por la mañana para formalizar la inscripción en el curso de masaje en la Old Medicine Massage School. Entre callejear por el centro de la ciudad y curiosear por el inmenso Sunday market se nos va el resto del fin de semana. Tampoco faltan los templos para visitar, y todas las noches se celebran un enorme mercado nocturno donde se puede comprar y comer de todo a todo tipo de precios. Y es justo en este mercado nocturno cuando una noche por casualidad volvemos a encontrarnos con David y su madre. Es la tercera vez que coincidimos con ellos en este viaje, además de en China y en Laos. ¡Estas sí que son casualidades!


El Lunes a las 9 empezamos las clases. Tener una ocupación fija se nos hace raro, pero es una sensación agradable a la vez. Lo primero que tenemos que hacer todas las mañanas es rezar para preparar nuestro espíritu para dar un buen masaje. Por cierto, que rezamos en sánscrito, y ni los compañeros de clase tailandeses entendían lo que decíamos (menos mal que también teníamos la traducción en inglés). Como las clases nos pillan bastante lejos de casa, alquilamos una moto para todos los días que vamos a pasar en Chiang Mai. Además de ser el medio de transporte que vamos a usar para ir a clase, nos permitirá movernos por toda la ciudad con total libertad y descubrir sus alrededores. La primera sensación en el curso es muy buena: es todo un lujo poder hacer algo así, y compartirlo con un grupo multicultural en el que mucha gente está en una experiencia parecida a la nuestra. La mayor sorpresa nos la llevamos cuando en mitad de la clase, al tercer o cuatro día de haber empezado el curso, se presenta "de visita" Mario, un asturiano que conocimos en Hawaii allá por la Noche Buena del año pasado, y con el que hemos seguido teniendo contacto a través del mail. También él se encuentra dando la vuelta al mundo, y llevamos rondándonos por Nueva Zelanda y el sudeste asiático desde hace ya unos meses sin haber llegado a coincidir. ¡Hasta ahora!


Pasamos estas dos semanas ocupados con las clases: 3 horas de teoría por las mañanas y 3 de práctica por la tarde, con un descanso para la comida. También nos ponen deberes, pero nos sigue quedando tiempo para pasear con nuestra motillo por las calles de Chiang Mai, hacer nuestros recados, y quedar de vez en cuando con Mario y la gente de clase. Las opciones aquí son todas las imaginables, hasta localizamos un sitio donde alquilan locales de ensayo con equipos para ensayar o simplemente tocar un rato con los colegas y pasarlo bien. Beñat y Mario no dejan pasar la ocasión, y allá que van a "aporrear" el bajo y la batería un rato. Y por supuesto los fines de semana aprovechamos para recorrer los alrededores, como el lago junto a Chiang Mai, o el famoso templo Wat Doi Suthep que está construido sobre una colina que domina toda la ciudad. y tiene una monumental escalera de acceso. También aprovechamos para ver unos combates de muay thay (una variedad de boxeo tailandés, con sus reglas específicas y sus bailes rituales antes de empezar el combate). ¡No está nada mal esta vida de estudiantes! Salvo por el "estrés" del examen que nos toca hacer al final de nuestra segunda semana de curso.


El último día de clase hacemos una práctica de preparación de tratamientos herbales. Una mañana no da para profundizar mucho, pero nos lo pasamos pipa amasando hierbas en cantidad y embadurnándonos hasta las cejas. Más de uno termina con su camiseta blanca y reluciente de primera hora de la mañana totalmente amarilla o verde para la hora de comer. Así que por la tarde nada mejor que una buena sauna para relajarse y limpiar la mugre que se nos ha pegado. Al día siguiente, Viernes ya de la segunda semana, terminamos con una pequeña ceremonia de graduación y por la noche gran fiesta de celebración con toda la gente de clase: cena y juerga nocturna, pues en Chiang Mai si hay algo que no falta son sitios para salir de marcha. Algo más de dos semanas después de haber llegado a Chiang Mai es momento de proseguir viaje. Nos da pena despedirnos de algunos buenos amigos que hemos hecho aquí, pero seguro que habrá forma y ocasión de volver a encontrarse si de verdad lo queremos.

viernes 5 de diciembre de 2008

ECHANDO RAICES EN LUANG PRABANG

Salimos de Phonsavan una mañana soleada y el autobús nos lleva una vez más a través de sinuosas carreteras de montaña que atraviesan paisajes de un verde profundo, salpicados aquí y allá de pequeñas aldeas. A mediodía hacemos un alto en un cruce de caminos que a pesar de ser sólo un pequeño conjunto de casas y restaurantes de carretera, parece ser un lugar de paso para mucha gente. Compartimos la comida con un chico inglés de padres chinos, que viaja en nuestro bus y nos cuenta su historia: está recorriendo Asia en busca de sus raíces. Las paradas en ruta son siempre cortas así que al poco rato reemprendemos la marcha y a media tarde llegamos a Luang Prabang. Como en todas las ciudades laosianas, la estación de buses queda a las afueras y alejada de la ciudad, así que la primera batalla es como siempre ponerse de acuerdo con algún conductor de tuk-tuk en el precio del trayecto hasta el centro.

Luang Prabang es la ciudad más turística de Laos, y la antítesis a Van Vieng: mucho turista europeo y no tanto anglosajón, muchos visitantes de mediana edad incluso familias y no tanto mochilero veinteañero, un montón de templos y actividades culturales para mantenerse ocupado unos cuantos días y nada de bares que se mantienen abiertos hasta el amanecer. Luang Prabang es la joya del turismo en Laos. Cuando llegamos al centro los artesanos están empezando a montar el mercado nocturno. Cada tarde a partir de las 5 se cierra al tráfico una de las calles principales y comienza el despliegue de puestos de lámparas, colchas, joyas de plata, ropas tradicionales y tallas de madera. Es el paseo perfecto para antes o después de la cena, y el sitio ideal para practicar tus dotes de regateo.


Comparado con el resto de sitios que hemos visitado en Laos, Luang Prabang es donde más visitantes y animación hay, aunque sigue siendo un sitio muy tranquilo y relajado. Para las 10 de la noche todos los restaurantes, agencias de viaje y puestos del mercado nocturno se recogen siguiendo una costumbre local que trata de preservar su forma de vida tradicional. A las 6 de la mañana del día siguiente el pueblo reinicia su actividad con la procesión de recogida de limosnas de los monjes budistas de todos los templos. Y para las 7 ya está totalmente activo el mercado de frutas, verduras, carnes y pescados, en el que seguimos descubriendo cosas nuevas y curiosas a pesar de que ya hemos visto unos cuantos mercados a estas alturas del viaje.

En Luang Prabang pasaremos 11 días estupendos, totalmente relajados y disfrutando de la vida tranquila del pueblo y visitando sus numerosos templos y los alrededores. A pocos kilómetros están varios parques naturales con unas cascadas espectaculares: Tat Kuang Si waterfalls y Tad Sae waterfalls. Son unos parajes de película donde es todo un placer para los sentidos darse un chapuzón.




Además del mercado nocturno de artesanos, descubrimos el mercado nocturno de comidas, donde acabaremos yendo todas las noches para cenar pescado fresco del río Mekong asado a la brasa. La sopa de noodles también es uno de nuestros platos preferidos y aquí tienen su receta particular. Con este tipo de delicias a nuestro alcance es fácil no echar de menos la comida de casa. Ya que casi todo el mundo incluye Luang Prabang en su plan de viaje, no es de extrañar que aquí nos hayamos reencontrado con viejos conocidos del viaje: con David y su madre, de Donosti, con quienes coincidimos en Hangzhou (China) en Marzo pasado; y con Marion y Stephane, a quiene conocimos en el sur de Laos en las 4000 Islands. Y también será aquí donde nos encontraremos con Mayas, colega de Durango que se unirá a nosotros por unos días en su ruta de vacaciones por Laos, Tailandia y Vietnam.Lo que hace especial a Luang Prabang y atrae a tantos visitantes es su espiritualidad. En el pueblo se concentran un buen número de templos y monasterios budistas, la mayoría auténticas obras de arte. Los monjes de cabeza rapada y túnica naranja son la seña de identidad de Luang Prabang y es imposible no cruzarte con ellos por la calle cuando van de camino a sus clases, en las salas de internet mientras chatean con turistas para practicar inglés, o verles en sus quehaceres diarios al visitar cualquiera de los templos de la ciudad. Sobre todo en estas ocasiones buscan curiosos la conversación del visitante, pues es su mejor ocasión para practicar inglés y para conocer más de otros países y culturas. La mayoría proceden de zonas rurales apartadas y su estancia en el monasterio es todo un esfuerzo para sus familias que se sacrifican para que ellos puedan acceder a una educación. Sus vidas son duras pues viven con lo justo y no tienen ningún lujo, pero todos se consideran afortunados de tener la oportunidad de educarse para optar a un futuro mejor. Varias mañana madrugamos para ver la procesión de las limosnas, un ritual que se mantiene en el tiempo y que simboliza la vida de privación de los monjes budistas, que salen a pedir comida cada día al amanecer. Lo que los vecinos del pueblo les den se comparte entre todos, y éste es el único sustento del que disponen.


Para experimentar un poco más la cultura laosiana, nos apuntamos a un curso de cocina de un día. Antes de empezar la clase, nuestro maestro cocinero nos lleva de visita al mercado, donde nos ayuda a descrubrir multitud de ingredientes desconocidos para nosotros, y a descrifrar su aplicación en los platos típicos de la cocina del país. Después de la visita al mercado nos pasamos toda la mañana cocinando varios platos tradicionales. La clase es muy práctica, y a todos nos toca picar, trocear, machacar, mezclar y freir. Para cuando llega la hora de la comida hemos sido capaces de prepararnos un pequeño banquete del que damos buena cuenta. El menú: una salsa para untar a base de chili picante, sticky rice a discreción, una ensalada de carne cruda aderezada con bilis de búfalo, lemon grass relleno de pollo y pescado fresco del Mekong cocinado en su jugo y envuelto en hoja de banano. Ha sido una experiencia muy divertida ... ¡y también sabrosa! porque por raros que suenen los platos, está todo delicioso. Lástima que la mayoría de los ingredientes sean un tanto especiales, con lo que no será fácil reproducir estas recetas en casa (hoy por hoy, la bilis de búfalo o la flor de bananero no es que sean demasiado frecuentes en las tiendas, ¿no?).

Y casi sin darnos cuenta llega el momento de seguir la marcha y despedirse de Luang Prabang, uno de los sitios donde más nos hemos arraigado. En compañía de Mayas nos embarcamos en uno de los pequeños botes cubiertos que remontan el río Mekong hacia el norte, hasta la frontera con Tailandia. Es un trayecto de 2 días por el río, navegando a contracorriente por una zona selvática donde la población es muy escasa y dispersa. El primer día atracamos en Pak Beng para hacer noche. Es el único pueblo entre Luang Prabang y la frontera con Tailandia. La mañana siguiente temprano volvemos a embarcar y poco antes del atardecer llegamos a Hua Xay, a pocos metros de la frontera con Tailandia. Desde aquí, sólo hay que cruzar el río para cambiar de país. Pero eso ya será a la mañana siguiente, pues llegamos cuando la frontera ya está cerrada. Así que aprovechamos nuestra última noche en Laos para disfrutar con los compañeros de viaje del bote de una buena cena típica.

jueves 4 de diciembre de 2008

TODOS LOS TESOROS DE LAOS

Tras el chute de relax en las 4000 Islands, empezamos poco a poco a desandar camino y recorrer Laos hacia el norte, siempre con el Mekong cerca. Este es un mundo de agua, y a cada momento hay que saltar a un bote o un pequeño ferry para moverse por los dominios del gran río. Unos 70 kilometros al norte hacemos un alto en Champasak, una aldea que queda al otro lado del río, así que una vez más debemos embarcarnos en uno de los destartalados ferries que surcan estas aguas. Llegamos al mediodía y justo con tiempo de localizar un sitio para dormir antes de que se arranque a llover con toda la fuerza del mundo.


Estamos en el comienzo del monzón, así que estas tormentas cada vez empiezan a ser más habituales. Por la tarde, después de un claro que dura lo justo para dar un corto paseo por el pueblo, llega la gran tormenta. Es una de las más espectaculares que hemos visto en el viaje, porque a la lluvia torrencial se le unen unos rayos impresionantes. Nos alojamos en un bungalow de bambú a pocos metros de la orilla del río y tenemos el comedor-terraza justo al lado, desde donde contemplamos a cubierto avanzar la tormenta que viene río arribario. A nuestro alrededor, el único elemento que parece existir es el agua: nubes, lluvia torrencial, charcos, goteras, mas río. Es un espectáculo que no se puede olvidar. Pasamos la noche con un ojo medio abierto, porque aunque mucho tiene que llover para que el caudal del río suba hasta niveles peligrosos, somos novatos en estas latitudes y todo parece posible.

Al día siguiente amanece lloviendo. Pero por suerte acaba despejando así que alquilamos unas bicis y nos vamos pedaleando hasta el templo Wat Phu Champasak, unas de las ruinas arqueológicas más importantes del país. Este conjunto de templos hindús se construyó en el siglo VI y formó parte del reino de Angkor Wat en Camboya. Parte de los monumentos están ubicados en la parte más alta de una colina, desde donde hay unas vistas preciosas de la llanura del Mekong: el verde de los arrozales se pierde en el horizonte como si fuese una manta de terciopelo que cubre hasta donde abarca tu vista. Hoy en día el sitio tiene una pinta un poco ruinosa, como suele pasar en todos los países pobres que no tienen fondos para conservar su patrimonio, pero a pesar de que los siglos han hecho estragos y de que la selva lucha por tragarse las pocas ruinas que quedan, lo que está en pie es fascinante y como en otras construcciones de los antiguos se puede respirar todavía un aura especial mientras caminas entre las piedras milenarias. Ni te cuento si te pones a imaginar cómo sería cuando aún estaba en su época de máximo esplendor!!! Wat Phu Champasak es uno de esos sitios que puedes recorrer en media hora, pero si te dejas seducir por su encanto y vas sin prisa es fácil pasarse unas horas explorándolo.


El paseo de ida y vuelta en bici es otra maravilla, yendo por caminos que casi no están transitados, rodeados de arrozales, sorprendiéndonos en cada esquina con las cosas más simples y sintiéndonos libres de verdad. ¡Cómo estamos disfrutando con los medios de transporte "lentos"!


Pero después de toda tormenta, siempre llega la calma. Y aprovechamos la calma para retomar nuestro rumbo hacia el norte. Tenemos que hacer parada técnica en Paksé, una de las ciudades mas importantes de Laos, que no deja de ser un pueblo grande. Aquí disfrutamos de uno de los pocos días secos que vamos a tener en este país, así que recorremos su calles y mercados haciendo tiempo hasta nuestro bus nocturno. Hasta en sus ciudades, igual que en el campo, la vida en Laos transcurre lenta, al ritmo del río que le atraviesa de norte a sur. Llegamos nuevamente a Vientiane, pero esta vez pasamos de largo y conectamos con otro bus que nos lleva hasta Van Vieng, a donde llegamos después de 32 horas de viaje desde que salimos de Champasak.

Van Vieng es la meca de los mochileros con pocas aspiraciones culturales. Ahí se concentran para sacarle el mejor provecho a las baratas cervezas locales y para tirarse en flotadores gigantes río abajo entre cerveza y cerveza (deporte al que han bautizado como "tubing"); por el camino hay bares a las orillas del río y tirolinas colgadas de las ramas de los árboles suspendidas algunas en medio de la corriente. Los brazos rotos, ojos morados y cuerpos doloridos suelen ser cosa habitual, pero por desgracia a veces los accidentes acaban en cosas mucho más graves. En Van Vieng deben tener la mayor concentración de bares por habitante de todo Laos, pero así ha de ser para seguir atrayendo a los turistas que vienen buscando juerga y acción acuática. Por eso estamos en el mejor lugar de Laos para ver la retransmisión de la final de la Copa de Europa. No es que estemos muy al tanto de este tipo de eventos, pero una cosa así no podíamos perdérnosla. Y además tenemos la suerte de poder compartir el partido con Eva y Sebas, una pareja de madrileños con los que nos cruzamos aquí, ellos haciendo su vuelta la mundo en sentido contrario a la nuestra. Una pena que a partir de aquí seguiremos rumbos diferentes, aunque nunca se sabe cuando dos caminos pueden volver a cruzarse.

Pero además de estas atracciones, lo mejor de Van Vieng es la belleza de su paisaje kárstico y la cantidad de cuevas que hay por los alrededores, razón por la cual nos quedamos unos cuantos días en el pueblo. Es el mismo tipo de paisaje que vimos en Yangshuo (en China) y que nos dejó fascinados hasta tal punto que no hemos dudado en venir aquí para verlo de nuevo. Como estamos en pleno comienzo del monzón, las lluvias nos marcan un poco el ritmo, pues aquí cuando lluve, LLUEVE!!!


En Van Vieng volvemos a subirnos a un destartalado bus local que nos lleva hasta Phonsavan por una ruta de montaña llena de curvas y unos picachos que esconden sus cimas entre las nubes. Phonsavan queda fuera de las rutas turísticas más habituales en Laos. Y cuando llegamos allí, se nota. Por la calle apenas hay occidentales, y la gente nos mira con más curiosidad que en otros sitios. Aquí probamos la sopa más rica de Laos, en un pequeño comedor local que descubrimos por casualidad mientras recorremos la zona en moto.



Visitamos la Plain of Jars, un curioso lugar donde se conservan cientos de jarras gigantes de piedra. No se conoce su origen, ni su función, ni su historia, así que cada uno puede dar rienda suelta a su imaginación. A nosotros nos parecen los restos del botellón de alguna cuadrilla de gigantes prehistóricos de la Edad de Piedra. Esta zona es peligrosa para hacer trekking, pues está plagada de minas, así que hay que ceñirse a los caminos transitados y a las rutas marcadas. Pero éste de las minas es un drama de la sociedad de Laos que sobre todo se puede palpar en esta provincia. No deja de ser irónico que un país de una gente tan tranquila e inofensiva haya sido el más bombardeado del mundo. La chatarra militar se ve por todos lados: obuses adornando la entrada de los hoteles, o carcasas de bombas reutilizadas como maceteros a la puerta de las casas.


Nuestro siguiente destino es Luang Prabang. Como preferimos viajar en los buses locales antes que en los turísticos, para llegar hasta allá nuevamente tenemos que armarnos de valor para montar en uno de estos vehículos kamikazes que tienen una habilidad especial para coger las curvas rectas. Estos conductores desafían todas las leyes de la buena razón en su forma de conducir. Pero si eres resistente al mareo, puedes llegar a disfrutar de algunos de los paisajes más bonitos del Sudeste.

EL RELAX NOS INVADE

Desde Vientiane, seguimos el curso descendente del rio Mekong en direccion sur, hacia las llamadas Four Thousand Islands (4000 Islas), en la mismisima frontera con Camboya. En esta zona el rio Mekong se ensancha y cuando su caudal disminuye en la epoca seca, surgen infinidad de pequeñas islas en el medio del rio. Y aunque ahora estemos ya al principio de la estacion de lluvias y no haya tantas islas al descubierto, el encanto de este sitio es el mismo. Llegar hasta aqui no resulta facil, y hay que combinar varios buses y un bote. Pero tal como nos ha pasado en todas las ocasiones hasta ahora, lo que encontramos al llegar hace que todas las horas de viaje hayan merecido la pena. Y además, el propio viaje es parte importante de la propia experiencia.


Cuando llegas aqui todos los relojes se paran, y todas las prisas desaparecen. Esto pasa un poco en todo Laos, pero quiza aqui de forma mas palpable incluso. Nosotros no hemos sido tan hippies como para quedarnos a dormir en alguna de las islas mas pequeñas, donde solo hay bungalows de bambu a la orilla del rio, con solo unas pocas horas de electricidad al dia. Pero aunque nos hemos quedado en Don Khong, la isla mas grande la zona, solo estabamos un puñado de turistas en toda la isla, y hemos dormido en una tipica casa laosiana de madera de teca con un porche donde es todo un lujo ver echarse la tarde, desayunar por la mañana, o contemplar a su resguardo las tremendas tormentas que trae el monzon muchas tardes. Y en este porche es donde hemos coincidido por primera vez con Marion y Stephane, una pareja francesa que recorre el Sudeste sin fechas y con todo el tiempo del mundo, y con quienes seguro volveremos a vernos.

En Four Thousand Islands el relax impera las 24 horas del dia, y es facil perder la nocion del tiempo o la prisa para ir a ningun otro lado. Por suerte, la prisa no forma parte de nuestro equipaje, asi que nos quedamos unos dias solo por el gusto de estar. Para meterle un poco de actividad al cuerpo, alquilamos unas bicis para recorrer la isla y es estupendo atravesar aldeas de campesinos con todos los niños del lugar saliendo a nuestro encuentro mientras gritan "sabaidee, sabaidee" (¡hola, hola!) a pleno pulmon. Aunque a cada rato surge la tentación de pararse en el camino y quedarse a contemplar la belleza y la paz que nos rodea, acabamos recorriendo los 30 km de vuelta antes de que se nos haga de noche.


Otro dia hacemos una excursion en bote por el rio, disfrutando del paisaje y visitando unas pequeñas cascadas que marcan la frontera entre Laos y Camboya.


Y por si todo esto fuera poco, en este sitio descubrimos uno de los manjares mas sencillos y a la vez mas ricos que hemos probado en el viaje: el "sticky rice", ese arroz glutinoso que hace las veces de pan para muchos paises del Sudeste, y al que nosotros nos hemos aficionado ciegamente. También conocemos otras especialidades laosianas, todas ellos muy curiosas y de sabores poco habituales.

PRIMER CONTACTO CON LAOS

De vuelta en Hanoi, tras las inolvidables vivencias de Sapa, cogemos un autobus hacia Vientiane, ya que Laos es nuestro siguiente destino en esta ruta por el Sudeste Asiatico. Para este recorrido no existen sleeper-bus (bus-cama), asi que tocan 23 horas en un autobus normalito de asiento con cruce de frontera a medio camino incluida.

La capital de Laos, Vientiane, es como un pueblo grande y esto viniendo de Vietnam supone un cambio muy agradable. El caracter de la gente aqui es tambien muy diferente, siempre con una sonrisa en la boca y dispuestos a ayudar con el mejor de los animos. Es un contrapunto total a la forma de ser de los vietnamitas, donde nos ha parecido que el trato que dar a los turistas deja mucho que desear.

En Vientiane pasamos un par de dias visitando los sitios tipicos, empezando por el Buddha Park, el resultado de la imaginacion calenturienta de un artista peculiar que decidio construir en una parcela a orillas del rio Mekong todo un complejo de estatuas y monumentos de simbologia budista e hinduista. Las esculturas no tienen desperdicio, algunas son graciosas y otras tienen un aspecto un poco terrorifico.


No podia faltar un Buda reclinado de proporciones gigantescas, una de las expresiones religiosas favoritas de los budistas. Aunque sea un sitio moderno y no tenga gran valor historico o artistico (eso dicen los entendidos), nosotros pasamos un rato muy divertido con la visita.


Visitamos tambien la puerta Patuxai, construida en el centro de la capital con el cemento cedido por Estados Unidos que debia haberse empleado para construir una nueva pista en el aeropuerto, asi que los locales haciendo gala de su buen humor la llaman la pista de despegue vertical.


Terminamos nuestro tour por Vientiane visitando algunos de sus templos mas importantes, como la Pha That Luang, que con sus curiosas formas y su color oro intenso deslumbra por igual a fieles y turistas, especialmente al atardecer cuando los ultimos rayos de sol crean juegan con los tonos metalicos de sus cupulas.

lunes 14 de julio de 2008

NORTE DE VIETNAM

Hanoi tiene fama de ser mas tranquila y menos occidental que HCMC, pero nos hemos encontrado con una ciudad que no descansa a ninguna hora, tan efervescente como su eterna rival del sur. Quiza sea porque aqui hemos pasado mucho mas tiempo, que nos hemos acabado acomodando a su ritmo. Buscamos hotel en el Old Quarter, el barrio antiguo donde se ubicaban los gremios y donde las calles siguen llevando sus nombres: pero como estan en vietnamita todas nos suenan parecido, y ademas no siguen una cuadricula demasiado regular. Asi que los primeros dias nos pegamos buenas liadas con las direcciones cada vez que salimos sin el mapa, especialmente a ultima hora del dia cuando recogen los tenderetes que abarrotan las aceras y las tiendas dejan de servir de referencia.
El lago Hoan Kiem nos queda muy cerca, y es un punto de reunion tanto para turistas como para locales. Despues del amanecer se llena de cuadrillas de gente mayor haciendo tai-chi, y jovenes haciendo pesas. !Se lo toman realmente en serio! A ultima hora de la tarde se estila mas el footing o simplemente las parejas y familias que vienen a pasear. En este lago esta el facuenta moso puente rojo que es todo un icono de la ciudad. Segun una historia vietnamita, en el siglo XV los dioses regalaron al emperador de aquella epoca una espada magica con la que consigio echar a los chinos de Vietnam. Segun cuenta la misma leyenda, un tiempo despues de esta victoria mientras el emperador navegaba por este lago, una tortuga de oro se le aparecio para reclamar la espada de vuelta, y con ella desaparecio en sus aguas. Los vietnamitas creen que la tortuga todavia habita en el lago.


En Hanoi tambien nos echamos al rollo de alquilar una moto, y aqui si que es todo un reto conducir sin atropellar ni ser atropellado. Para que os hagais una idea de la cantidad de motos que se juntan en las calles y lo apuradas que son las pasadas, las motos ni llevan espejos retrovisores para ocupar menos espacio!! Pero como queriamos ir a probar un restaurante de comida de perro, la moto era la mejor forma de llegar, y de paso nos hemos podido pegar un rule por las afueras de la gran ciudad. Ha sido una pena que lo de comer carne de perro no haya podido ser, ya que mas tarde nos enteramos que los vietnamitas solo lo comen determinados dias del mes lunar. Comerlo en unos dias diferentes a los establecidos es sinonimo de mala suerte, razon por la que cuando nos presentamos en la zona donde se concentran estos restaurantes, estaba todo cerrado y desierto. Por suerte, encontramos alguna carniceria en las que venden la carne de perro ("thit cho" en vientamita) , con sus vitrinas para exponer el genero, y por supuesto las jaulas con la materia prima todavia vivita y coleando. Aunque no hayamos comido perro, si hemos disfrutado de los mejores platos locales gracias a las recomendaciones de nuestro amigo Mario (a quien conocimos en Hawaii y que ha hecho Vietnam por delante de nosotros), que nos ha pasado las direcciones de los garitos mas interesantes de Hanoi.
Hanoi da mucho de si y tiene bastantes monumentos y pagodas para visitar. El Templo de la Literatura es un edificio del siglo XI y fue una de las primeras universidades vietnamitas. La Pagoda del Pilar Unico tambien es un edificio del sigo XI, y con su peculiar diseno pretende emular una flor de loto. Y el toque frikie va con la visita al mausoleo de Ho Chi Minh. Igual que pasa en Beijing con Mao, visitar el mausoleo es sobre todo interesante por ver las reacciones de la gente, que acuden casi con un fervor religioso para ver el cuerpo embalsamado de su heroe nacional. El mausoleo del tio Ho, como le llaman en su pais, esta cerrado unos cuantos meses al ano que es cuando se lo llevan a Rusia para hacerle el "mantenimiento". Por cierto, que a pesar de todo lo que se ha modernizado Vietnam en estos ultimos anos, las cadenas de comida rapida todavia no han hecho su aterrizaje por aqui. La unica excepcion es KFC (Kentucky Fried Chicken). Y viendo el curioso parecido entre Ho Chi Minh y el coronel Sanders (el fundador de KFC y el viejillo que aparece en su logo) es facil imaginarse por que con estos han tenido mas manga ancha. Y no podiamos olvidarnos del teatro de marionetas sobre el agua, un arte popular de larga tradicion en Vietnam, aunque hoy en dia casi solo se mantiene para los turistas pero es entretenido y merece mucho la pena ver la funcion (ved el video mas abajo, al final de este capitulo).


La bahia de Halong es uno de los platos fuertes de Vietnam, y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco hace unos años. Como queda cerca de Hanoi, hemos hecho una excursion de dos dias, y nos hemos quedado a dormir en un barco fondeado en mitad de la bahia, rodeados de los picachos karsticos que emergen del mar con formas que hacen volar la imaginacion. Para ir alli, nos enrolamos en un tour organizado, ya que la tonica dominante en Vietnam es viajar de esta manera, que resulta mucho mas economica (en tiempo y dinero) que ir por tu cuenta por curioso que pueda parecer. Pero hemos tenido suerte, porque el grupo era agradable y muy pequeno, asi que pudimos disfrutar de las comodidades del barco a nuestras anchas. El dia empieza nuboso cuando salimos de Hanoi, pero hacia mediodia llegamos al puerto de Halong City y el sol hace su aparicion. Embarcamos y ya navegando por la bahia tuvimos una tarde de sol espectacular, asi que disfrutamos un monton de la visita a unas cuevas que hay en uno de los picachos, e igualmente de la vuelta en kayak por la bahia, explorando cuevas y recovecos a golpe de remo. Para terminar la tarde, un chapuzon en las tranquilas y templadas aguas de la bahia mientras contemplamos la puesta de sol ..... !impresionante!




De vuelta en Hanoi, tomamos un tren nocturno hacia el norte para hacer tres dias en Sapa, ya muy cerca de la frontera con China. Sapa esta a 1600 metros sobre el nivel del mar, con lo que el clima es fresquito y lluvioso (nos hemos sentido como en casa!!). Esta rodeado de montanas y el Farsipan, el pico mas elevado de Vietnam, esta a tiro de piedra. En esta zona viven muchas tribus de minorias etnicas, que hoy en dia siguen manteniendo sus tradiciones, vestimentas y dialectos, ya que son conscientes de que esto representa el gancho que hace que los turistas continuen viniendo. La necesidad de tierra cultivable en un entorno tan montañoso les ha llevado a modelar las laderas de los montes en terrazas escalonadas para aprovecharlas como arrozales. En este entorno hemos hecho un trekking de tres dias, durmiendo en una de las aldeas de estas minorias.



Caminar por los arrozales en medio de la lluvia ha sido todo un reto, aunque tambien muy divertido por la expectativa de ver quien era el siguiente en rebozarse en el barro. Ahi ibamos nosotros con nuestras zapatillas de trekking a todo trapo pero incapaces de mantener el equilibrio la mayor parte del tiempo, y las mujeres de la tribu Mong que nos han acompañado durante todo el trekking se defendian infinitamente mejor con sus chancletas del todo a 1oo. Nuestra estancia en Sapa ha sido una gran experiencia, por el paisaje desde luego, pero sobre todo por la gente con la que lo hemos compartido, tanto la gente de las aldeas -especialmente Ker que era nuestra guia- como el resto de turistas de nuestro grupo con quienes hicimos muy buenas migas y compartimos buenos tragos de licor de arroz.

viernes 11 de julio de 2008

DE SAIGON A HUE

Cuando tenemos que coger el autobus para ir desde Ho Chi Minh City a Nha Trang es cuando realmente nos damos cuenta de lo que ha avanzado Vietnam, !nos quedamos alucinados con los buses que se estilan aqui! Atras quedaron las mini-van que iban dando botes por las carreteras llenas de baches. Viajar por Vietnam sigue siendo facilisimo, pero ahora ademas es comodisimo. Asi que llegamos a Nha Trang en uno de estos flamantes sleeper-bus (o bus cama), todo un lujo excepto en la calidad de los conductores que son unos autenticos kamikazes.

Nha Trang es una ciudad costera muy al estilo Zarautz con playa y puerto. Comenzamos el dia con un rico cafe vietnamita, bien cargado y a tope de leche condensada, para luego ir a alquilar una moto y visitar un Buda gigante de marmol blanco que domina toda la ciudad desde una colina. La visita turistica sigue con las ruinas de unas antiguas torres Cham, un antiguo imperio que domino esta zona hace siglos. Nos resultan muy familiares ya que el estilo es muy parecido a las que ya vimos en Myanmar, pero estas a mas pequeña escala. Y por la tarde cogemos la carretera de la costa para conocer los alrededores y disfrutar de los paisajes y la brisa del mar. Terminamos el dia en la playa contemplando a los locales bañarse y divertirse en la orilla.


Desde Nha Trang vamos haciendo camino hacia Hoi-An, un pueblo encantador lleno de tiendas de arte y de sastrerias que te cosen ropa a medida. Aqui te puedes montar un nuevo vestuario completo en 24 horas, a unos precios de muerte!!! Hoi-An fue un importante puerto comercial en los siglos XVI y XVII, su epoca de maximo esplendor, aunque ya en el siglo I llego a ser el puerto mas grande del sudeste asiatico!!! El pueblo conserva un buen numero de antiguas casas de comerciantes chinos, japoneses, y franceses. Ya que los coches no pueden circular por el casco urbano, en Hoi-An se respira una tranquilidad que no es facil encontrar en Vietnam donde las calles y las aceras estan siempre tomadas al asalto por vendedores y motoristas. Para nosotros ha sido uno de los sitios con mas encanto del pais.


No solo el pueblo nos chifla, con sus callejuelas y su esplendido Puente Japones; tambien nos han encantado los alrededores y con una bici nos hemos ido a recorrer monasterios escondidos entre arrozales donde hemos podido comprobar lo bien que cantan los monjes vietnamitas. Y como no, no podia faltar una visita a la enorme playa, que aunque queda un poco apartada del pueblo, merece la pena la pedalada para disfrutar de sus interminables kilometros de arena. No podemos olvidarnos de mencionar los platos tipicos de Hoi-An, que son especialmente ricos y no se encuentran en el resto del pais. Una pena que no hemos aprovechado la oportunidad de aprender a preparar algunas de estas delicias.

Hue es nuestra siguiente parada en esta ruta hacia el norte. A pesar de ser una de las ciudades mas importantes de Vietnam, es mucho mas tranquila que HCMC o Hanoi. Llegamos justo el dia antes de que empezase el Festival Internacional de Cultura, y toda la ciudad estaba engalanada para la ocasion. Hasta hemos podido ver el ensayo general de la ceremonia de inauguracion, sentados en las gradas con un monton de locales que se han acercado a pasar la tarde. Y como nos estamos volviendo unos aficionados a las dos ruedas, alquilamos una moto para recorrer Hue y sus alrededores. A pesar de lo caotico del trafico, despacio y con buena letra llegamos bien a nuestro destino.



Visitamos la tumba real del emperador Tu Duc, un mausoleo a orillas del rio Perfume con edificios de piedra entorno a un lago en miniatura, y que el emperador tambien utilizaba como retiro antes de su muerte. Recorremos la antigua Ciudadela en el centro de la ciudad, que ha ganado mucho con los ultimos trabajos de reconstruccion y que todavia sigue mejorando. Asistimos a un ritual budista en la Pagoda Thien Mu, tambien a orillas del rio Perfume. Y pasamos la tarde explorando los pueblitos de las afueras de la ciudad, atravesando caminos vecinales bordeados de arrozales. Conseguimos llegar hasta el Puente Japones (hermano pequeno del que hay en Hoi-An) y vemos la puesta de sol con los ninos que aprovechan todavia pletoricos de energias las ultimas horas de juegos del dia.